Cine: "Lulu On The Bridge"

. martes, abril 08, 2008
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Quienes hayan leído a Paul Auster, reconocerán fácilmente al Nueva York de su propio imaginario. Aquel tan bien delimitado en su Trilogía de Nueva York y en algunos otros textos. Sin lugar a dudas, el Auster quien escribe es el mismo que dirige. Cierto es, que este Auster es levemente más poderoso, algo así como un semidios que tiene a su disposición, un par más de nuestros sentidos que los que tenía desde la perspectiva nétamente literaria. Es por esto, que este director goza agotando recursos visuales y sonoros. Y se nota. Se nota su deleite al trabajar con la sonoridad urbana intentando, a un tiempo, el darle a esta misma una interpretación profundamente musical. Es por ello, que es tan recurrente la inclusión global de la música de jazz en medio de una película como esta, puesto que para Auster, como para muchos, el jazz es la música que mejor refleja al Manhatan junto a su particular estilo de vida. Auster es sofisticado. Si tomo asiento y hago el ejercicio de imaginarlo, sin dudas, lo imagino escuchando jazz mientras lee a Chejov o Dostoievski, quizás está leyendo a Heiddeger o es un día en dónde decide deleitarse con el estilo familiar de un Murakami, relajándose, puesto que tiene la certeza que su ciudad definitivamente es inagotable.

“Lulu On The Bridge” (1998) comienza con la exhibición de fotografías sensuales de mujeres expuestas en una especie de collage. La cámara comienza a abrir el plano, dejando ver lo que este cuadro esconde. Lo que se revela, es nada menos que una simple pared que sostiene un urinario. Alguien orina y no es ninguna sorpresa que sea nuestro protagonista, Izzy Maurer (Harvey Keitel), quien es un saxofonista sin éxito, para quien la música simplemente lo es todo.

El jazz comienza, Maurer toca con su banda unos tonos que subliman los oídos. La música da paso a los gritos, al pavor. Todo ha sido interrumpido por un maniático que entra en el recinto y comienza a disparar a su alrededor gritando y preguntando a la nada por una mujer. El último disparo que este demente derrama, antes de su propio suicidio, va a dar justo en el pulmón izquierdo de Maurer, lo que desencadena su paso a un extraño estado entre la enfermedad, la realidad, y/o el sueño.

Es notorio, no sé si de forma casual o a propósito, que este film rinde, por decirlo de alguna forma, culto a un ya consagrado en esta época David Lynch, sobretodo por la similitud estética que en algunas de sus escenas más oscuras tiene con el film “Cabeza Borradora” (Eraser Head, 1977) y por todo este gran tópico que mezcla lo laberíntico con lo paranormal. Por otra parte, los diálogos dentro de este guión son tan descriptivos del ser psicológico, que hacen recordar al realismo de un Balzac o un Flaubert; pero, este “realista” Auster tiene algo sucio, casi coprofílico. Aquí se entremezclan el azar, la naturaleza de la voluntad y una particular forma de entender el suspense.

Es verdad que en ocasiones, este film cae en excesos, pero Auster sabe muy bien quien es y como puede darse el lujo de abusar de imágenes que ya son más que sólo parte de nuestro imaginario colectivo. Difícil es olvidar aquella escena con el vapor emergiendo de la calle al doblar una esquina del Downtown. El frío de aquellas noches llega a helarnos las narices a través de la pantalla.

Luego del atentado, la vida de Maurer se desdobla. Por un lado yace inconsciente en la ambulancia que le lleva al hospital. Por otro, comienza una extraña historia en la que una piedra que encuentra en la cartera de un asesinado, provoca su encuentro y posterior romance con Celia, una camarera que quiere ser actriz

Recomendable película, ya sea para los fanáticos de Auster, como para los que aun no lo son. Y para finalizar dos “tip”. Primero, atención con el tema del azar que es recurrente como tópico en este autor. Y segundo, la actuación de Willen Defoe, ya en el ocaso de la película, sin duda, aporta mucho a darle un cariz misteriosísimo al guión, a parte, su actuación es simplemente maravillosa.

4 comentarios:

constanza dijo...

wena wena rodrigos lindo blog yo igual quiero uno pero no se que ponerle jajajaj, solo tengo flog ni un brillo pero igual.


saludos y nos estamos viendo pronto.

abrazos, coni

coniconcha dijo...

rodrigos me hice un blog

chao

Fanchi dijo...

Bueno, a causa de que no he visto la película, no voy a hacer ningún comentario en relación a este artículo, pero sí del que más me gustó: "Enfermos por decisión propia”.
Sin duda creo que el sufrir es una de las sensaciones más puras y propias del ser humano, a pesar de que lo rechazamos constantemente por conectarnos y enfrentarnos a nuestra debilidad, aquella a la que tanto le tememos. En este sentido creo que el artista, el escritor, es uno de los seres más valientes al aceptar y concretar con su obra el propio dolor al que no escapa.
No sé, tal vez por eso me gustó tanto el Tristán e Isolda, ¿dónde se había visto “agonía más dulce” que esa? Ni la vida ni la muerte fueron tan grandes. Y si el amor es egoísta, porque nos enamoramos de nosotros mismos cuando estamos con esa persona y de cómo nos hace sentir, es porque amamos demasiado y dejamos de lado el cariño, ese que permite aceptar al otro tal cual es, sin exigirle el hacernos sentir bien todo el tiempo.
Por último, Me Encantó, y es lo único que puedo recordar, por petición explícita del autor de no olvidar olvidar, cierto poema, que a nosotros los lectores, no nos pertenece.

Saludos. Fanchi

Anónimo dijo...

No soy fanática de Auster, tampoco he visto la película, por ello, creo que sería una mala decisión referirme al artículo. Aunque muchas veces, para escribir alguna pavada como este comentario, no es necesario tanto conocimiento.....
Como te dije, estoy muy contenta de ver que caminas por un rumbo que parece hacerte feliz....mucho éxito!!!!!!!

Nos vemos
(ya sabes los motivos del anónimo....jijiji)